Y ahora... ¡a por los 700!

¡¡Hola!!
Nos estamos atomizando. Nos dividimos en partículas cada vez más pequeñas. Más independientes pero más aisladas e indefensas. Poco a poco hemos ido sustituyendo el contacto humano por una gestión virtual, un trato indiferente en el que se resiente el contacto humano. La máquina no tiene necesidades propias ni ideas originales. La máquina no tiene sentimientos. Parece más sencillo cuando todo se limita a un mero intercambio comercial, pero en este proceso también nosotros nos deshumanizamos. Perdemos contacto con la realidad y comenzamos a adquirir las características de una máquina más.

Pero si nos paramos un momento a pensar, nos daremos cuenta de que las cosas que realmente valoramos son aquellas que no tienen precio. La amistad, el cariño, la empatía, la solidaridad, la generosidad, la compasión, el compromiso… aquellos valores que consideramos humanos y que desarrollamos cuando formamos parte de una comunidad.

Según su definición más generalizada, una comunidad es un conjunto o asociación de personas con intereses, propiedades u objetivos comunes. Un grupo de personas que caminan juntas en la búsqueda de un mismo bien. Es más fácil avanzar si lo hacemos unidas. Por eso es importante esa sensación de pertenencia que nos hace atrevernos a afrontar retos que de otra forma nos parecen inalcanzables.

En ello estamos y queremos que LA OSA sea reflejo de ese espíritu que nos da el valor para enfrentarnos a las grandes corporaciones alimentarias y decirles que nos plantamos, que es otro el modelo de consumo que queremos y que lo estamos haciendo posible.

Ya somos más de 300 cooperativistas y cada vez somos más. Cada vez somos más las personas que queremos un modelo de consumo alimentario sostenible y respetuoso.

¡Súmate! ¡Hace falta tan poco!

Consumimos por un mundo mejor.

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